Ponencia Política 4ena Asambleya

PONENCIA POLÍTICA
aprobada en sesión plenaria el 16 de abril de 2016

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Obón (Cuencas Mineras)

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0.- INTRODUCCIÓN

Bienvenidas al siglo XXI. No tenemos la verdad, pero sí la pretensión de acercarnos a ella. Para esto contamos con una suma de verdades individuales, a debatir y criticar, destinadas a convertirse en una verdad colectiva.

Un análisis debe comenzar echando la vista atrás. Pensamos que la crisis actual es única, y no podría haber sido imaginada, y si bien esto es falso, encierra algo de verdad. En palabras de Gramsci: “Una crisis es cuando lo viejo no termina de irse y lo nuevo no termina de llegar”.

Pocas veces tantos sistemas se han visto tambalear al mismo tiempo. En la Historia es difícil encontrar momentos en los cuales se hayan tambaleado al mismo tiempo sistemas de gobierno, sistemas económicos y sistemas tecnológicos, aunque es obvio que las crisis de unos repercutían directamente en otros.

La pregunta clave es: ¿Por qué han colapsado todos a la vez? Para contestar a ella, debemos remontarnos a la última gran revolución que consiguió unir todos estos cambios: la comercialización en Europa de la imprenta.

La posibilidad de plasmar y divulgar pensamiento de manera más sencilla tuvo un gran éxito, propició la aparición de contratos escritos, ensayos científicos, mercantilismo, y finalmente, la Revolución Francesa. Las ideas viajaban en forma de libros y se expandían con mayor rapidez de lo que lo hacían previamente, dando un vuelco al mundo occidental, tal y como se conocía.

¿Ha existido desde entonces algún invento tecnológico que realice estas funciones de producción y difusión de ideas? La respuesta es clara: Internet, aunque con algunas grandes diferencias. La primera es que Internet ha provocado en apenas 50 años lo que la imprenta tardó 300. La segunda, quizá menos obvia, pero sin duda más importante, es la reducción drástica de los costes de dicha producción y difusión. Ya no se trata de una herramienta únicamente al alcance de los burgueses, sino que prácticamente cualquier ciudadana, sea de la clase social que sea, puede acceder y formar parte de ella. Sin duda, Internet es la herramienta que define la política de nuestro tiempo.

No es cuestión de obviar la relación entre elementos como capitalismo, globalización y regeneración democrática, pero hay que ir más allá para tratar de entender por qué esos factores ya existentes estallan a partir de la gran crisis del sistema financiero mundial. Es evidente que había habido cierta convulsión anteriormente, como mayo del 68 y la comuna de París, pero no se había conseguido una cristalización de dichos movimientos a nivel general.

Para comprender la realidad que nos rodea, es básico aceptar que las voluntades individuales están sometidas a voluntades de poder superiores relativas a un entramado complejo que en este momento no podemos contrarrestar. Vivimos las consecuencias de la acción de esa voluntad de poder superior sin poder controlar el móvil de su acción. Sin embargo, esta situación de poder se puede revertir con la herramienta con la que nos informamos, nos comunicamos, nos entretenemos, nos concienciamos y, en última instancia, nos empoderamos: Internet. Internet, al igual que la Imprenta, es un invento transversal y una potentísima herramienta de cambio social.

Si aceptamos este breve análisis de la realidad, es lógico asumir que la práctica y la rutina de la democracia representativa ya no son sostenibles por más tiempo, y que las necesidades de los pueblos gobernados ya no son las mismas que en el siglo XIX o XX. El contrato social de Rousseau puede seguir siendo válido en algunas de sus bases, pero no en sus aplicaciones, y la individualidad que nos ha sido inculcada conlleva la necesidad de querer ser escuchado y partícipe de lo que nos rodea.

En este contexto, un sistema político obsoleto se revela incapaz de ser útil en el panorama social del siglo XXI. La sociedad busca en el ejercicio de su voto proyectos políticos o simples siglas con mensaje que le parezcan capaces de satisfacer a priori algunas necesidades que a veces son difíciles incluso de verbalizar. Se trata de emociones, de movilizaciones cuyo elemento aglutinador es el dolor por una situación injusta o inhumana, como nos ocurre ante los desahucios.

Y es que sólo cuando algo nos duele somos capaces de mostrarnos receptivos a un relato ajeno que explica nuestro dolor, que nos demuestra que nuestro caso particular es uno de muchos, y que es una de las consecuencias de un sistema profundamente injusto. Y es obligación de las herramientas políticas, sean o no partidos, estar ahí y ayudar en lo práctico y proveer del relato, así como de ser receptivo a las distintas percepciones que en la calle se encuentran.

Por otro lado, la política afecta a la economía futura, de la misma forma que la economía afecta a la política futura, como en una espiral. Sin embargo, la realidad nos demuestra que en la práctica la política se supedita a unas “supuestas” leyes económicas que relegan a la política a un papel secundario, lo que provoca el cansancio y la resignación en las personas, y la consiguiente la desideologización de la sociedad a pasos agigantados.

Se ha extendido la falacia de reducir la política a gestionar y aplicar una serie de conocimientos técnicos. Y es que la economía podría llegar a ser una ciencia empírica, pero nunca una ciencia teórica, por lo que siempre se necesitará de la política para decidir entre una u otra política económica.

La deriva de los planteamientos de izquierdas se ha visto afectada por esta tendencia, especialmente la de los socialdemócratas, que han afectado directamente a la percepción de irrevocabilidad de los sistemas que dan forma a los Estados. Mientras occidente predica con la diplomacia, el mercado y los ejércitos las maravillas de su sistema “democrático” sin que haya un planteamiento general que pugne en los sistemas representativos europeos por otro modelo.

La reactividad a los movimientos liberales, la aceptación incluso de conceptos y significantes propios del liberalismo clásico como mercado de trabajo y clase media entre otros, sumado a una falta de planteamiento global de Estado que dé respuesta a las problemáticas de la clase trabajadora, dejan los planteamientos tradicionales de la izquierda europea en muchos casos obsoletos.

La única certeza que tenemos es que el mañana sólo se construirá sobre una nueva revolución, y cada una de nosotras decide en qué dirección construir, pues ninguna revolución es garantía de mejora, y es la responsabilidad de quienes viven hoy dejar un mañana feminista, ecologista, más justo y menos desigual.

Por otro lado encontramos que los tipos de problemáticas de este nuevo siglo se pueden clasificar en dos grandes grupos: los problemas a escala global (cambio climático, producción de bienes de manera antiética, sobreexplotación de recursos, preservación del medio ambiente…) y los problemas a escala local (igualdad, movilidad, sistema energético, derechos civiles, sistemas de redistribución de la riqueza…).

Como Chobentú Aragonesista debemos apostar por esta visión: pensar en global y actuar en local. Debemos aportar y apoyar movimientos que propicien un planeta más justo, más feminista, más ético y más sostenible. Empezar la revolución a pequeña escala, dando ejemplo y ensayando modelos que vayan trascendiendo, cambiando el entorno a través del éxito dentro de nuestro ámbito, que es Aragón.

El 15M, ese despertar de la sociedad que en muchas ciudades del Estado abanderó la juventud, nos enseñó algunas cosas: Ya no sirve abrirse a la sociedad, sólo vale ser parte de ella. Ya no vale incorporar a nuestra praxis nuevos formatos, hay que avanzar juntos hacia otros horizontes. Primero viene la construcción social de un sentir común, y más adelante la construcción de resortes políticos que lo fijen en el sistema. Hay que ser una herramienta útil, no un espacio de militancia, hay que ser de utilidad en el día a día, no una correa de transmisión hacia la política institucional. Por ello apostamos por abrir líneas de trabajo conjunto con otras entidades, colectivos y asociaciones que trabajen en la sociedad civil aragonesa y con los que compartimos valores. Pasar a ser parte de la sociedad requiere que seamos capaces de sobreponernos a nuestras diferencias y podamos hacer frente común de acuerdo a la pluralidad de nuestra juventud y nuestro pueblo La sociedad se transforma por la suma de voluntades para la construcción colectiva.

Por último debemos reflexionar sobre la situación específica de Aragón, que no es más que un fiel reflejo a pequeña escala de la problemática expuesta, aunque con sus propias peculiaridades. Primero hemos de ser conscientes de que, durante una crisis económica, siempre son los más marginados del sistema los que más la sufren, ya sean trabajadores urbanos o del medio rural, una realidad muy extendida en Aragón.

Por otro lado, vemos como práctica habitual la interpretación subjetiva de la historia de la Corona de Aragón para fines catalanistas o españolistas. Sumemos el sistema de delegados del Gobierno, una herencia de virreyes que mantienen el poder centralizado y nos convierten en una neocolonia.

En resumen, estamos sometidos económica y estructuralmente, y nuestro pueblo necesita de elementos aglutinadores que le permitan aunar voluntades y así organizarse y empoderarse para oponerse a siglos de colonización. Buscando el símil con la situación de Escocia dentro del Reino Unido, podemos concluir la introducción con una cita de ‘Trainspotting’: “Algunos odian a los ingleses, yo no, sólo son soplapollas. Estamos colonizados por unos soplapollas. Ni siquiera encontramos una cultura decente que nos colonice”.

1.- UN CAMBIO DE ESCENARIO

Como se ha expuesto anteriormente, el cambio de escenario al que estamos abocados es inevitable. Sin embargo, es necesario comprender la Historia más cercana para ver hacia dónde dar los siguientes pasos aprendiendo de los errores pasados.

Se habla del régimen del 78 y de su obsolescencia, pero vale la pena identificar algunos grandes rasgos de ese proceso. El primer paso es aceptar que se hizo lo que se pudo, pero se construyó un relato magníficamente desarrollado para apaciguar el movimiento social de aquellos años (recordemos que entre el 74 y el 78 la conflictividad laboral fue muy alta).

El miedo coartó las expectativas del proceso, incluyendo un sistema electoral que favorecía en la Constitución a los partidos aceptados por el sistema oligarca. Todas las preguntas sobre lo que ocultaba el régimen franquista quedaron enterradas en el proceso, y sólo ahora empiezan a ser públicos temas que algunos nunca olvidaron, como los niños robados, la corrupción y el caciquismo.

En la actualidad encaramos una nueva etapa de reformulación de régimen, en la que es evidente el gran abismo que hay entre unos pocos representantes que pactan las reglas comunes frente a todo un pueblo debatiendo sobre ello. Y es por esto, entre otras cosas, que el efecto en la actualidad es una población ansiosa por sentirse partícipe de la toma de decisiones.

Si bien podemos pensar que la situación política actual es muy volátil, la explicación es sencilla. Pensemos en una persona, obediente durante su infancia a las órdenes y a las reglas de sus progenitores, que acepta los castigos cuando las incumple. Pero cuando llega a la adolescencia cuestiona toda estructura de poder sobre sí mismo, y busca su lugar en el mundo. Salvando las obvias diferencias entre todo un pueblo y la metáfora, podemos ver que la volatilidad no es más una búsqueda de una nueva estructura, una necesidad de rebelarse contra un poder en cuya elección no se ha participado.

Pero hecha esta breve reflexión, y por seguir con la metáfora, los niños rebeldes no pueden seguir diciendo que ellos “ya eran rebeldes antes que nadie”. Toca ser responsable, y hacer hincapié en todas esas cosas que uno ya lleva viendo que fallan, y dejar de ser profesores o padres de la sociedad, para pasar a ser parte de la misma. Toca ser compañeras, aceptar que llevar años siendo unos “luchadores por la libertad” no nos da ninguna palestra, y que la crítica, el debate y la discusión son necesarias para llegar a verdades colectivas.

Por otro lado, si bien España es un Estado viejo, no deja de ser, como Italia, una nación tardía, y no es hasta el siglo XIX cuando comienza a generarse ese sentimiento nacional. Es por eso que tantos nacionalismos, como el vasco, el catalán, el gallego o el aragonés, han sobrevivido con evoluciones diferentes en el último siglo. Pero esto políticamente no significa nada. Añorar lo que ya fuimos no aporta nada.

Vivimos en un tiempo en el que los grandes Estados-nación ya no son capaces de dar respuesta a la problemática local, y mucho menos de resolver las problemáticas a nivel global. Por tanto, independientemente de si creemos en Aragón como país, como Estado o como territorio, estamos unidos por una estrategia democratizadora que pretende ser una herramienta para dar soluciones a nivel local, y generar sinergias a nivel global. Es en este mismo punto donde nos apoyamos en Europa, como un primer paso, para poder abordar problemas que son transversales en todo el planeta.

Por último, en este cambio de escenario no podemos dejar de mencionar la política económica que ha marcado el final del siglo XX y el inicio del XXI, pues como decía Ortega y Gasset, “lo que nos pasa es que no sabemos qué nos pasa”. Así, cuando España entra a formar parte de la Unión Europea, Alemania y Francia poseían una fuerte industria de valor añadido. Enmarcado en el concepto económico “haz aquello en lo que seas bueno” a la Península le tocó vender sol y playa, generando un tejido productivo débil.

Por otro lado, la globalización impulsada por la omnipotencia estadounidense ha deslocalizado buena parte de la industria manufacturera a países donde los costes son menores. La privatización de empresas públicas, que en muchos casos generaban beneficios, como Telefónica, Aena y empresas energéticas, ha reducido la capacidad de actuación del Estado ante las perturbaciones económicas en época de crisis.

En conclusión, podemos afirmar que existe una oligarquía económica que domina la vida política. Para ello se apoya en herramientas tan potentes como los medios de comunicación, el mayor instrumento de socialización política de la actualidad, capaz de aupar a la fama o condenar al olvido según interese en cada momento.

El sistema de vida occidental se acaba, el capitalismo se ha reformado muchas veces. Pero este capitalismo global es el final de sus reformas, su expansión ha llegado al máximo posible. El desarrollo que se gestiona es insostenible. Y como ya ocurriera con otros sistemas “la exacerbación de los sistemas lleva a su fin”, como decía J.L. Sampedro. Pasó con el feudalismo con su máxima expresión, la monarquía absoluta, y tantas otras veces en la historia.

2.- CHOBENTÚ: UN PROYECTO EN CONSTRUCCIÓN

Finalizado el análisis, toca empezar a construir. Continuando la estructura, podemos diferenciar dos ámbitos distintos de influencia y actuación, con la idea clara de que no tenemos una hoja de ruta para una transformación del mundo, pero sí ciertos horizontes alcanzables.

Empezando por lo más cercano, hemos de ser conscientes de que la propia dinámica del capitalismo y los intereses privados, con el beneplácito del Gobierno del Reino de España y de algunos autonómicos, así como malas praxis de Ayuntamientos por todo Aragón, han despoblado nuestro medio rural. Y los esfuerzos para impulsarlo, lejos de vertebrar el territorio, han prolongado una dicotomía urbano-rural que arrastramos desde mediados del siglo XX. Revertir esta situación debe ser una prioridad.

La despoblación es un problema profundo en Aragón, y si bien Zaragoza ha sido en cierta forma beneficiaria de este proceso, también puede ser la impulsora de un proceso repoblador del territorio desde una perspectiva global de País.

La lucha contra la despoblación pasa por una apuesta clara y decidida por el municipalismo y la autonomía local. Sólo empoderando a las gentes que habitan el medio rural, proveyéndoles de una soberanía alimentaria y energética clara y nítida y de unos servicios básicos cercanos y de calidad podremos dar futuro a nuestros pueblos. Hemos de evitar a toda costa replicar los malos hábitos y costumbres que el capitalismo ha creado en nosotros en los centros urbanos y hacer al medio rural de un auténtico escenario de respuesta, protagonista del cambio y de la lucha anticapitalista. Apostamos por el municipalismo como escuela de democracia y participación política con criterios de pluralidad y representatividad. Por tanto, creemos en el debate a nivel municipal y a nivel comarcal como elemento integrador de las personas que conforman las “fuerzas de abajo” de manera generosa e integradora.

En la misma línea, la Universidad Pública de Aragón puede ser una gran herramienta si se repiensa el mapa de titulaciones y de centros educativos y de investigación dentro de nuestro País. La implantación de centros educativos y de investigación de forma estratégica en distintos puntos de Aragón atraería gran cantidad de estudiantes y docentes e investigadores a nuevos focos poblacionales. Esta actuación estratégica supondría un pilar fundamental en la solución para salvar a muchos municipios de la despoblación a la que parecen destinados. La implantación de la Universidad en nuevas localidades aprovechando sinergias con agentes económicos y sociales locales permitiría empujar el desarrollo local en muchas comarcas aragonesas.

Por otro lado, debemos trabajar para construir democracias con una alta participación, en las que el contacto entre Gobierno y gobernados sea fluido, donde la actuación ante una situación de emergencia sea rápida y efectiva, y donde las decisiones políticas pueden ser diseñadas prácticamente a medida de las necesidades particulares de los ciudadanos.

En la actualidad, todos los máximos que podamos plantear están supeditados a una financiación dependiente del Estado Español, pero a la vez que ganemos autonomía debemos plantear qué fines se han de cumplir con esa financiación, e incluso ganar el derecho a gestionar los impuestos. Si bien es cierto que tenemos la obligación de pensar soluciones provisionales que permitan financiar medidas que son de carácter urgente, al estilo de las misiones pedagógicas en la Segunda República Española.

Hay que dar prioridad a las cuestiones educativas y sanitarias, que tanto han retrocedido en los últimos años. Debemos construir un modelo educativo que eduque en lugar de capacitar, que convierta humanos en personas, con sentido crítico y una ética, pues cuestiones tan arraigadas en la cultura occidental como el heteropatriarcado deben dejar de perpetuarse en nuestra sociedad. Y es que la capacitación profesional debe llegar después de la educación. Por otro lado, una persona que no goce de buena salud difícilmente va a poder realizar ninguna otra tarea o al menos, no tan satisfactoriamente como estando sana. La salud es la base de la felicidad y por tanto es necesario un sistema sanitario que, por una parte promueva la eficiencia de recursos y por otra esté continuamente actualizándose e investigando, pues la mejora de la salud pasa por el conocimiento. No se puede permitir que este ámbito quede anticuado: cada nuevo descubrimiento puede suponer algo tan importante como una vida humana. Así pues, un Gobierno que no vela por la salud de las personas es un asesino por pasividad, algo inaceptable en pleno siglo XXI, vengan de donde vengan, vivan donde vivan.

El desarrollo de Aragón pasará obligatoriamente por impulsar la innovación y la investigación, por desarrollar nuevas ideas que tengan impactos positivos aquí y potencialmente fuera. Por tanto, potenciar la Universidad es una prioridad en los próximos años, a la vez que el Gobierno provea de herramientas y oportunidades de desarrollo de las iniciativas que vayan surgiendo. No olvidemos que Sillicon Valley comenzó con una gran inversión pública, en la que cientos de universitarios tuvieron un lugar donde intercambiar ideas y desarrollar gran parte de la tecnología de la que ahora utilizamos.

Además, hemos de ser conscientes de que los desarrollos tecnológicos actuales destruyen empleo, y que hay una necesidad de formar a las personas en ámbitos profesionales que tengan proyección, a la vez que repartimos el trabajo. Si la tecnología aumenta los beneficios empresariales año tras año es injusto que los sueldos no suban, que las horas trabajadas sigan siendo las mismas. Incentivar la capacitación es una responsabilidad del Gobierno.

Las necesidades básicas de la población deben estar garantizadas, y para ello se precisa una red de trabajadores que permita analizar caso a caso cuáles son, convirtiendo los servicios sociales en actuaciones a medida que ejecuten una redistribución de la riqueza efectiva y permitan a todos los ciudadanos vivir con dignidad, y aspirar y trabajar para cumplir sus proyectos vitales.

Siendo rigurosos, encontramos que existen una serie de problemas que sobrepasan las capacidades incluso de los actuales Estados-nación. Es lógico por tanto pensar en ir creando estructuras capacitadas para la resolución de estos problemas, que se acercan más a unidades continentales que culturales, donde la más alta sería un órgano planetario capacitado, encargado de gestionar los asuntos que nos afectan a escala global.

Además, cabe destacar que escribimos estas líneas desde la serenidad que nos da una posición de clase media, o al menos culta, que nos permite realizar análisis políticos y disponer de las herramientas de participación política de las que nos dotamos con la lucha diaria. Somos conscientes de que, al hilo del planteamiento defendido por Owen Jones sobre los denominados chavs ingleses y cuya fotocopia aragonesa constituyen los canis o cos, expresión popular y, sobre todo juvenil, de una clase obrera depauperizada, desclasada, desideologizada y etiquetada por el establishment mediático para generar una presión social que permita la reproducción del sistema. Lejos de mantenernos al margen de estos grupos sociales, caldo de cultivo de planteamientos de extrema derecha, debemos incidir en ideologizarlos e integrarlos en las organizaciones políticas de la izquierda para trabajar realmente desde el prisma de la lucha de clases.

Es obvio que aún nos falta conciencia de especie para actuar globalmente sobre vulneraciones de derechos humanos, migraciones, refugiados, empresas que producen con criterios contrarios a toda ética, flujos económicos que subyugan a unas regiones para el beneficio de otras, efecto invernadero, contaminación, sostenibilidad de recursos… y, sin duda, con los años aparecerán más temas que deban ser tratados en este ámbito.

Por tanto, si bien la Unión Europea ha sido construida de una manera injusta, y en gran medida como compañero comercial de EEUU en su pugna por el dominio mundial, no es una idea completamente errada. Europa es uno de los grandes mercados mundiales, y por tanto puede influir en el resto del mundo de manera más positiva y mucho menos agresiva de lo que lo hace mediante la OTAN.

Europa debería imponer criterios morales a la producción de los productos que se vendan dentro de su territorio, o criterios sostenibles, como no permitir la comercialización de productos sobreenvasados. O bien políticas energéticas, que aprovechen nuestros altos edificios para poner generadores eólicos en sus techos y así apostar por energías renovables frente al uso de combustibles fósiles.

Por otro lado, Europa también debe salvaguardar la protección medioambiental de los territorios que la integran, dado que los Estados-nación se han visto incapaces de ejercer esta función. En el caso concreto de Aragón, el Estado español, con la inestimable colaboración de los diferentes gobiernos autonómicos de todos los colores, incluido el del capitalismo verde, no sólo ha sido incapaz de evitarlos, sino que ha promovido la construcción de grandes embalses y trasvases, la salvaje explotación minera del subsuelo aragonés, el desmonte y urbanización indiscriminada del Pirineo para los negocios del esquí y del turismo insostenible e irresponsable.

En esta fuerte presión de los intereses del capital en nuestro país, cabe destacar también la insostenibilidad y brutalidad de los desarrollos urbanísticos realizados en la última década en la ciudad de Zaragoza, que han dado hasta ahora carta blanca al sucio negocio del ladrillo y que han supuesto un impacto negativo en la malla urbana de la ciudad consolidada, especialmente con la creación de nuevos barrios en el norte y sur y la incipiente gentrificación del centro de la ciudad, lo que está suponiendo la progresiva degradación de los barrios tradicionales. También ha sido un duro hachazo para la ciudad la desaparición de la huerta de Zaragoza con la construcción de nuevas zonas de equipamientos hoy casi vacías, así como el paso por la piqueta de varios ejemplos de arquitectura industrial para la construcción de nuevas e innecesarias viviendas que, como en otras experiencias, podrían haberse utilizado para crear esos nuevos equipamientos que en su día se construyeron robando espacio al río en uno de los pocos espacios naturales que disponía el núcleo urbano de Zaragoza. Igualmente, debemos estar vigilantes ante la aparición de nuevos espacios comerciales que den el definitivo hachazo al comercio tradicional y que sólo benefician a sus promotores en una ciudad que ya dispone de la mayor superficie comercial por habitante del Estado español, y cuenta con varios centros comerciales completamente vacíos.

Estos son ejemplos concretos para dar una idea del ámbito de actuación que pretendemos, pero claramente no sucederá si no se construye una Europa más democrática, en la que no sea posible repetir un referéndum en Irlanda para asegurarse la aprobación de una Constitución, o eliminar una votación popular vía parlamentaria en Francia por el mismo tema. Donde no se representen los gobiernos de los Estados, sino los pueblos que los habitan. Donde, desde la pluralidad, inauguremos una colaboración en temas comunes, una solidaridad entre pueblos, un mediador de conflictos, y no un resorte de los intereses económicos mundiales.

3.- EL ARAGONESISMO DEL SIGLO XXI

Construimos nuestro aragonesismo sobre el amor a unas gentes que viven y vivieron dentro de un espacio imaginario que es Aragón. Lo construimos sobre el férreo convencimiento de que Aragón será un país de conciencia o no será. Para ello un pilar importante será los valores culturales y los símbolos identitarios propios de Aragón, tales como la variedad lingüística del país, su patrimonio, su historia, sus tradiciones orales… Tiempo atrás, estos valores formaban parte de todos los aragoneses, pero desde hace unos años se han ido perdiendo estas ideas, debido a factores como las políticas centralistas o españolistas que parecen haber arrancado el sentimiento de nuestra gente, pero también por una mala labor pedagógica del aragonesismo de izquierdas, que no hemos sabido conectar con la sociedad. Nuestra labor es reivindicar esas señas de identidad tan propias de nuestro pueblo, construyendo una imagen de cultura aragonesa con base tan legítima como la que tiene la propia historia de Aragón. Pero no sólo reivindicarlas, sino también conseguir difundirlas en la sociedad y darles la importancia que deben tener, para sacarlas a la luz otra vez tras estos años de mala gestión por parte del aragonesismo.

Por otro lado, nuestro sentimiento cultural puede ser muy importante para nosotros y le tenemos que dar el valor que se merece, pero nuestro planteamiento político es generar una estructura de gobierno que devuelva el poder al pueblo. Tenemos claro que nos preocupa tanto la gente que vive dentro de Aragón como fuera, sean españoles, saharauis o sirios. De que lo que queremos para Aragón en igualdad, libertad y fraternidad lo deseamos para todo el mundo. Por eso, nuestros pilares éticos y morales no se refieren directamente a Aragón, sino a cómo desarrollar una sociedad sobre esos valores.

El aragonesismo del siglo XXI, pues, ha de basarse y transmitir unos valores universales pero que partan desde una perspectiva y una mirada profundamente aragonesa. Aunando de este modo nuestra rica tradición política con las líneas políticas más contemporáneas. Un nuevo aragonesismo para un nuevo tiempo que no puede olvidarse de su principio más fundamental: el derecho a su propia soberanía que el pueblo aragonés tiene que tener para decidir sobre sí mismo, sobre su futuro y sobre todos sus asuntos. Luchar por la democracia en el ámbito local, asumiendo que son las propias poblaciones las que han de tener total poder de decisión, significa que la soberanía del pueblo aragonés es el principio guía más democrático para el aragonesismo del siglo XXI.

3.1 Feminismo

La construcción social occidental ha sido profundamente desigual en muchos ámbitos, pero encontramos que culturalmente se ha instaurado una visión del mundo y de la organización social profundamente machista, que viene heredada de patriarcados arcaicos, diferentes religiones y de una heterosexualidad y una monogamia impuestas.

Vivimos en una sociedad que está profundamente estereotipada y que impone desde incluso antes de nacer unos roles sociales para cada persona, por lo que nacemos ya condicionados sobre cómo tenemos que ser y qué conducta llevar, con qué género debemos identificarnos, porque si nos salimos de los patrones tradicionales, somos sufridores y apartados de la sociedad. Y no solo en lo que respecta a personalidad y comportamiento, sino también al físico. Qué ropa debemos ponernos y, lo más importante, qué cuerpo debemos tener si queremos gustar a la gente. Un cuerpo que muchas veces conduce a la obsesión y a la enfermedad, inalcanzable y que no nos permite ver la belleza y diversidad de cada apariencia. Que nos impide, muchas veces, aceptarnos a nosotras mismas.

La identificación de género como hombre y mujer, y de estereotipos de lo femenino y masculino, es la lacra principal que deberíamos cambiar. Y es que no sólo existe el bigénero, y hasta que no se interiorice esta realidad no podremos llegar a desarrollarnos plenamente como personas.

Pero nos encontramos con que no hay una actuación directa ni a corto ni a largo plazo que llegue a cambiar el sentido común general, pues el patriarcado está presente en la mayoría de ámbitos en los que nos desenvolvemos. Y esta realidad está muy arraigada y normalizada, como muestra por ejemplo el vocabulario sexista que todos practicamos, incluso en la propia redacción de este documento

La violencia machista es una violencia más allá de la persona que la aplica: es una violencia sistémica contra las mujeres, por el mero hecho de serlo, donde los asesinatos son la consecuencia irreparable. Es por ello que, mientras se construye un sentimiento de igualdad, un sentimiento incluso de especie y no de género o nacionalidad, debemos atacar el problema de raíz y sus consecuencias de manera inmediata.

Defendemos que la educación es la mejor herramienta para promulgar un sentido de la igualdad, de los derechos y de la equidad o la justicia, pero no olvidamos que también se educa fuera de los colegios. En esta línea, es necesario apoyar proyectos divulgativos, como dramatizaciones o teatro comprometido, y facilitarles espacios donde sus representaciones trasciendan de la mera crítica y permeen en la sociedad.

Y es que resulta más efectiva una dramatización teatral en un colegio para explicar ciertas escenas comunes en nuestra sociedad que una charla o conferencia. Desde esta concepción se debe impulsar todos los proyectos posibles que innoven y construyan una nueva cultura más feminista e igualitaria.

No podemos olvidar que hay mujeres muriendo ahora mismo. Cada semana es asesinada una mujer, por lo que debemos encontrar mecanismos que actúen sobre estos casos extremos de barbarie sin dejar marcada a la víctima como si llevara una estrella de David cosida en la ropa. Si bien nuestra red de ayuda a menudo no se ajusta a las necesidades de quien ha de recibirlas, el caso de la violencia machista es especialmente crítico.

Hemos de entender que una vida maltratada trastoca todos los aspectos vitales, y que para sanar la vida de una persona se ha de actuar en todos ellos. Por ello es primordial, por un lado, destruir la idea de que la mujer maltratada es débil y animar a denunciar a estos individuos. Luchar contra la vergüenza y el temor que generan estas situaciones a las víctimas. Por otro lado, proveer de una alternativa habitacional, de un trabajo que integre y dignifique, además de proveer recursos, atención psicológica y legal, etc, de manera que se garantice el bienestar de la mujer y la seguridad que evite la continua sensación de peligro.

También es importante fomentar por ley una discriminación positiva en estos casos en los que prime el interés de la víctima potencial, incluso en aquellos de violencia psicológica, donde es difícil probar la culpabilidad del perpetrador. También en este sentido urge colocar pulseras o tobilleras de geolocalización a los agresores para evitar que se acerquen a sus víctimas.

Mientras la sociedad asimila estos planteamientos de igualdad, no podemos sino aplicar medidas de discriminación positiva, pues voluntariamente pocas empresas solventarán la brecha salarial, y mucho menos contarán en sus puestos de dirección con mujeres que fomenten un cambio de paradigma en dicha empresa. Es por eso que debemos aplicar dichas medidas a la vez que tratamos la conciliación familiar de una manera transversal, pues el modelo de familia actual es una construcción que somete en muchos casos a las mujeres, y por ende a toda familia que difiera en sus cánones.

Por último, hay que enseñar a tratar la sexualidad de una forma abierta y natural, pues el sexo, a menudo tratado como una mercancía que el macho consume es un elemento sometedor donde con frecuencia se ataca a la autoestima de las mujeres.

No será sino entendiendo que todos disfrutamos del sexo, despatologizando conductas promiscuas en función del género, entendiendo que las identidades sexuales ya no se miden en binario y viendo con naturalidad todas ellas, cuando el macho heteropatriarcal comience su extinción.

3.2 Juventud

Desde Chobentú, vemos que está muy extendida la idea de que los jóvenes somos parte de la construcción del futuro, por lo que es importante tener en cuenta que la manera de educar, de tratar y de influir en la juventud tiene repercusiones importantes, pues sentará las bases del futuro y fomentará las nuevas maneras de entender el mundo y la sociedad.

Sin embargo, con frecuencia se olvida que no somos sólo un proyecto sino también parte del presente, y que a menudo que sufrimos las consecuencias del momento actual como meros observadores. Por esto es necesario un reglamento de participación ciudadana en todos los municipios, y un desarrollo del mismo en aquellos que ya lo tienen, en el sentido de favorecer la incorporación de la juventud a la toma de decisiones en su ciudad o pueblo y de evitar la despoblación. Es importante tener en cuenta que la manera de educar, de tratar y de influir en la juventud tiene repercusiones importantes, pues sentará las bases del futuro y fomentará las nuevas maneras de entender el mundo y la sociedad.

Uno de los grandes problemas que vemos como jóvenes es la incorporación en el mundo laboral. Es necesario el desarrollo de programas de ayudas y líneas financieras destinadas a favorecer proyectos de autoempleo, así como fomentar y apoyar la creación de cooperativas y empresas de economía social por las personas jóvenes, ahondando en la competencia comarcal que sea capaz de generar un tejido educativo-laboral que vincule de forma efectiva a empresas asentadas en el territorio con los centros educativos y dé oportunidad a la juventud de quedarse en Aragón.

Por otro lado, otro de los grandes problemas que encontramos a día de hoy es la dificultad a la hora de emanciparnos, por la dificultad que implica acceder a una vivienda a día de hoy, sumada a la precariedad laboral. Es por esto que creemos que hay que consolidar la bolsa aragonesa de vivienda, que si bien debe ser una garantía del derecho a la vivienda, también deben existir criterios que favorezcan a las personas jóvenes en su emancipación. En la misma línea, hay que establecer programas de apoyo a la juventud que quiera continuar viviendo en su localidad de origen, desde los municipios, donde incentivando iniciativas propias de jóvenes de rehabilitación de viviendas en núcleos urbanos consolidados se puedan construir experiencias de vivienda colectiva municipal con servicios comunes o en los cuales se vaya a construir nueva vivienda.

Para finalizar, como ya hemos remarcado, la forma de educar a la juventud actual repercute sobre las generaciones venideras y nuestro futuro, y creemos que uno de los temas más importantes a tratar es la igualdad en todos sus niveles. Para empezar, urge la implantación de un programa universal de garantía juvenil, así como un subsidio progresivo con especial incidencia en la población estudiantil.

En el marco de la igualdad incluimos también que hay que fomentar la diversidad en todas sus expresiones, mediante programas de atención específicos a la juventud migrante, la mujer joven, la juventud de las minorías étnicas y la juventud LGTB, con leyes específicas para perseguir la LGTBfobia y para promover políticas específicas para las personas jóvenes transexuales.

3.3 Justicia social

Una sociedad civilizada debe entender que la redistribución de la riqueza es la base para la construcción de una comunidad justa y equilibrada. Desigualdad y pobreza son los enemigos a erradicar en el siglo XXI.

El hambre es producto de la riqueza, no de la pobreza. El acaparamiento de riqueza es perverso e inhumano, pues condena a nuestros iguales a condiciones de vida imposibles, e incluso a la muerte indirecta.

Sin un sistema impositivo progresivo la igualdad es imposible, pues en palabras de Rousseau, “la igualdad de la riqueza debe consistir en que ningún ciudadano sea tan opulento que pueda comprar a otro y ninguno tan pobre que se vea necesitado de venderse”. Ha de ser la voluntad política la que interceda para generar un sistema donde de verdad se aseguren los derechos mínimos para la vida y la igualdad de oportunidades, dejando de primar los intereses individuales (muy unidos al liberalismo y al capitalismo) para hacer primordial el bienestar social colectivo.

Por tanto, el nuevo contrato social que planteamos no debe perseguir la legitimación del gobernante, sino de la sociedad. Caminamos hacia una justicia distributiva, mediante la cual tratamos de repartir bienes sociales que son valiosos para la comunidad, como riqueza o reconocimiento, acceso a la salud, libertades. Y en la que se recibe en función de las necesidades, con perspectivas de una igualdad equivalente. Es decir, buscamos un sistema que cuando se encuentre con una situación de desigualdad prime ésta sobre otras.

Nos basaremos pues en el principio de libertad, según el cual todos tenemos derecho a la misma gama de libertades que los demás, es decir, no habrá privilegiados. Pero también el de igualdad de capacitación, que defiende que todos seremos dotados de aquellos bienes materiales o inmateriales que nos permitan vivir en las mismas condiciones que el resto, siendo nuestra la decisión que hacemos con nuestra vida. Con ambos trataremos de dotar de los elementos básicos a la ciudadanía para la vida social.

Por último, cabe la reflexión de si una sociedad donde los animales son propiedades es realmente justa, o incluso civilizada. Si bien el diálogo con otras especies nos es imposible, sí entra dentro de nuestras posibilidades y planteamientos el introducir en nuestro nuevo contrato social una serie de derechos para el resto de las especies con las que convivimos.

3.4 Economía

Es difícil pensar que el sistema capitalista, más allá de que el modelo neoliberal se esté colapsando, sea capaz de resolver las necesidades del conjunto de la humanidad o del planeta actualmente, ya que sólo responde a los intereses de algunos humanos. Por tanto, cabe señalar algunos puntos sobre el sistema económico que podríamos construir.

Los recursos naturales son finitos, y debemos ser conscientes de que, si otros países se sumaran al hiperconsumo occidental, los recursos apenas durarían unas décadas. El dinero no compra la felicidad, pero sí es limitante de libertad, y por tanto nos ha convertido de alguna forma en esclavos que viven para trabajar y acumular. Además, los inventos tecnológicos ya no generan empleo, sino que lo destruyen.

No hay una relación analítica real que relacione crecimiento económico con cohesión social, generación de empleo ni reducción de la desigualdad. Es por tanto obligado pensar una nueva manera de organizar la economía, donde los criterios de eficiencia o rendimiento busquen el interés colectivo y no la acumulación de recursos. El objetivo debe ser recuperar vida en sociedad prescindiendo de una competitividad y un individualismo antinatural.

Por tanto, aunque parezca una utopía plantear otros modelos, partimos de la base de que el propio capitalismo es un sistema utópico, y sólo la práctica es lo que lo mantiene en pie, por tanto construiremos una nueva práctica que nos acerque al horizonte que miramos.

Tenemos entonces que plantear que la obtención y administración de recursos debe ser mesurada y medida respecto a las necesidades, reduciendo tanto la producción como el consumo. La caducidad de algunos bienes es un completo desperdicio de recursos, por lo que hemos de caminar hacia una producción diferente. Debemos tratar de cambiar la manera de ver la economía, donde nuestra forma de vida es ya parte del problema.

Por ello, junto a un impulso desarrollista de la investigación, es necesario acometer una reestructuración de sectores productivos sobredimensionados, un mayor reparto del trabajo aumentando los salarios medios y, por tanto, generando una distribución real de la riqueza.

Debemos caminar hacia una economía social y solidaria, hacia modelos cooperativos y hacia un modelo que promueva positivamente la propiedad colectiva frente a la privada. El objetivo debe ser democratizar la economía, ahondar en la autogestión, en la forma en la que nos ganemos la vida. Que todos aportemos lo mejor que tenemos pero que no cobremos en función de lo que aportemos, sino en función de lo que necesitamos, para que las necesidades de todos se vean satisfechas.

No necesitamos irnos muy lejos para encontrar experiencias en esta dirección. En el Estado español existen ejemplos de cooperativas que mantienen desde hace años una actividad sostenida y viable. Y es que lo natural no es la economía salvaje, donde sólo importa producir de cualquier forma para ganar tanto dinero como sea posible. Pero es obvio que en este sistema neoliberal las empresas capitalistas tienen ventajas sobre las cooperativas.

Debemos caminar también hacia un modelo de Economía Verde puesto que tiene un potencial muy importante dentro de un sistema económico radicalmente democrático y de sostenibilidad social y medioambiental. Esta apuesta tiene que apoyarse en dos pilares fundamentales: empleo y fiscalidad. En materia de empleo el sector de las energías renovables, el de la rehabilitación ecoeficiente en materia de Vivienda como en materia de urbanismo (Ecobarrios), o el de la innovación sostenible en el sector agrario, entre otros, son potentes de empleos verdes. En materia de fiscalidad verde, se debe apostar decididamente por un sistema de ayudas y tasas destinado a favorecer actividades reductoras de las emisiones de CO2 y partículas contaminantes, manteniendo la progresividad fiscal.

La economía colaborativa se ha servido de la globalización informática para expandir su actividad. Entendemos la economía colaborativa como un sistema económico basado en el intercambio alquiler, préstamo, uso compartido, recomercializacion o donación de bienes y servicios que son necesarios para la vida diaria y que ahora son utilizados por plataformas digitales.

Este sentido de propiedad ha generado 2 mundos: quienes pueden comprarlo todo, y quienes necesitan de más imaginación que dinero para solventar sus necesidades. Hemos de utilizar en la práctica estos proyectos para suplir las necesidades inmediatas mientras cambiamos el sistema que debería proveerlo.

Apostamos por la economía colaborativa como respuesta a la desigualdad y la ineficiencia del mundo, siendo la que llena el espacio que se genera por un mundo capitalista o imperfecto.

Es lógico concluir que la economía financiera no tiene lugar en nuestra sociedad. Sin embargo, la necesidad de financiación de todas estas experiencias que buscamos nos obliga a pensar sobre qué modelo de banca sería necesaria. Lógicamente sería un estilo de banca cooperativa, donde los usuarios son a la vez propietarios, una banca social que promueve actividades empresariales sostenibles y no especula. Una banca en control de los cooperativistas, no del estado ni del mercado.

Por último, y como medida a corto plazo, sería interesante promover una ‘marca social’, un logo que indique que el producto ha sido fabricado acorde a los valores mencionados, de manera que el consumidor pueda elegir que consumir en función de cómo ha sido producido.

4.- EPÍLOGO: EL DEMOS ARAGÓN

Como organización política aragonesista que somos, debemos reflexionar sobre nosotros, sobre nuestra trayectoria, nuestros errores, estrategias, aciertos y sobre nuestro papel en el Aragón actual. Si bien para entender nuestro retroceso en el panorama político hemos de contemplar muchos factores entrelazados en el tiempo, trataremos de simplificarlos, aunque huiremos de la causalidad lineal. Por otro lado, no podemos obviar que la trayectoria de Chobentú Aragonesista está íntimamente ligada a la de Chunta Aragonesista, por lo que el análisis de ambas debe ir en muchos puntos de la mano.

A principio del siglo XXI encontramos el máximo auge del movimiento aragonesista, que había sido construido de una manera muy plural, donde sensibilidades progresistas, transformistas, revolucionarias o contestatarias compartían herramienta política, y por tanto debate. El paso de asumir responsabilidades de gestión supuso un duro golpe interno para CHA, que no se entendió desde algunos ámbitos como un acto de responsabilidad. Si bien el trasvase, una defensa clara de ‘lo nuestro’, nos aupó socialmente, internamente ganar ese peso nos condenó.

La crítica desde abajo a quienes ostentan responsabilidades genera dinamismo interno, debate, y por tanto construye movimiento y fomenta la renovación ideológica por el apoyo a algunos planteamientos que puedan nacer de alguna de las tradiciones de la izquierda comentadas. En los distintos cismas y escisiones es precisamente esto lo que se ha ido deteriorando. En este punto, Chobentú debe impulsar un cambio de mentalidad. El aragonesismo de izquierdas no puede permitirse el lujo de enemistarse y dividirse en facciones como ha ocurrido en los últimos años. No hablamos de ocultar las diferencias entre nosotros, sino de sentirnos orgullosos de ellas y reivindicarlas como parte de nuestra identidad.

No podemos obviar el origen de nuestra organización, que impregna completamente nuestra acción política y cómo la sociedad aragonesa en general y el movimiento soberanista en particular, la recibe e interpreta. Y es que, la brecha abierta en el movimiento soberanista tras la expulsión de Chobenalla Aragonesista del seno de CHA en el año 2004 pesa todavía hoy como una losa que dificulta completamente nuestro quehacer diario, por mucho que tratemos de dar una imagen renovada y evolucionada de la organización. En el actual contexto de libre militancia, que ayudará sin duda a mejorar nuestra visión externa, cuidar nuestra imagen real, dar mensajes contundentes y defender de forma vehemente nuestros postulados nacionales y sociales sin complejos contribuirá, sin duda alguna, a mejorar esta imagen heredada de la que, ciertamente, no somos responsables.

Por otro lado, debemos hacer frente a la tendencia evidente de piramidización de los partidos políticos, cuyo ritmo, cuando acceden al poder, es marcado por el ritmo endiablado de las instituciones, institucionalizando el propio concepto interno de la herramienta política. “El poder no produce, sólo se reproduce” es una frase, quizá algo radical, pero que explica magníficamente el concepto de autorreplicación que se da en las instituciones, donde los actores que acceden a ellas acaban por abandonar de alguna u otra forma el universo social de lucha, para dar la relevancia a la institución y sus herramientas de transformación, que nunca de revolución.

No debemos olvidar que dichos actores deberían ser portavoces o transmisores de las quejas y problemas de la ciudadanía, y que por tanto deberían estar en permanente contacto con la lucha social para poder actuar como canal y dar respuesta a lo que desde la calle se espera de las instituciones.

Cabe hacer hincapié en que si esta tendencia a la baja en militantes y actividad de las organizaciones de la izquierda aragonesista es preocupante en las urbes, es crítica en el medio rural, donde ha perdido representación en núcleos muy importantes. Una de las consecuencias de esto es el mantenimiento del sistema neocaciquil cuyo máximo exponente son las Diputaciones Provinciales.

La única manera de revertir este fenómeno es empujar para superar la artificial división provincial de nuestro territorio. Las Diputaciones Provinciales deben ser suprimidas para dar paso a la comarca como institución vertebradora de Aragón. Para los asuntos supracomarcales, es posible coordinar nuestras comarcas -aceptando el actual mapa comarcal de Aragón- mediante agrupaciones intercomarcales nuevas que tengan más sentido de ordenación de nuestro territorio que las anacrónicas provincias, siguiendo criterios demográficos, paisajísticos, de proximidad y de acuerdo a las infraestructuras existentes, para aunar esfuerzos entre comarcas y descentralizar y dinamizar la actividad fuera de Zaragoza.

Añadido a esto, cada vez se siente una mayor necesidad de implementar modelos de democracia interna que permitan el debate y la votación sin necesidad de desplazarnos, manteniendo de manera prolongada temas de discusión coetánea y simultáneamente, que conviertan nuestras estructuras de organización en un poder obediente que dinamice la actividad y reflexión interna.

Y con esta dinámica llegamos al día de hoy. La base de nuestra pirámide está mermada o profundamente inactiva, normalmente por desánimo. El carácter de minoría estructural que adoptamos voluntariamente por ser aragonesistas y no haber sabido transmitir el aragonesismo a la sociedad nos excluye del escaparate político por excelencia de nuestra sociedad, la televisión, algo que no sería tan grave si nos hubiéramos molestado en construir una alternativa informativa para pelear desde fuera del medio de comunicación de masas por excelencia.

Por otro lado, hoy en día es casi una obligación ser tremendamente claros y transparentes con la actividad que se realiza, tanto a nivel institucional como económico. Por tanto, si bien pueden haberse hecho algunos esfuerzos en este camino, consideramos que no son ni de lejos suficientes, ni internamente ni hacia el exterior.

Juan Carlos Monedero ya afirmaba en 2009 que, “mientras que en el siglo XX fueron los partidos políticos los principales hacedores de los Estados sociales y democráticos de derecho, en el siglo XXI van a compartir necesariamente protagonismo (y a veces cederlo) con los nuevos movimientos sociales y otras formas de organización política aún no consolidadas que se correspondan con las nuevas realidades y exigencias”. Lo que se denomina, revolución cromática, la revolución de las mareas, de la sociedad civil organizada pero atomizada que se une bajo unas siglas que hacen un diagnóstico inclusivo y muy claro de la situación social y eso es lo que vende mediáticamente.

Pero no es fuego y apocalipsis todo lo que reluce. Después de treinta años, el movimiento aragonesista de izquierdas sigue siendo un actor imprescindible para construir Aragón desde nuestro punto diferencial con el resto. Hemos sobrevivido a profundos cambios en la política del Estado y a los errores propios, y debemos ganarnos cada día el honor de ser un instrumento válido para la gente progresista y transgresora de Aragón. Pero esto se consigue construyendo desde la base y siendo parte de la nueva realidad política que nos afecta, mediante una actitud reflexiva y una necesaria predisposición constante de diálogo con las nuevas formas en que la sociedad decide organizarse.

Por tanto, hablemos de qué podemos hacer. En primer lugar, es necesario encontrar vías comunicativas que nos permitan vehicular nuestro mensaje y nuestro relato, dado que hemos de aceptar que no obedecemos a las reglas mercantiles de los grandes medios de comunicación.

Por otro lado, debemos impulsar un nuevo proceso cohesionador del espectro aragonesista. En la actualidad, tenemos un mapa de siglas que ha encabezado la representatividad del espacio político de la izquierda aragonesa en los últimos treinta años. No es fácil decidir sobre si emprender nuevos caminos que signifiquen superar unas siglas bajo las se encuentran proyectos políticos con treinta años de trayectoria, pero sin duda hay que apostar por espacios comunes que construyan un movimiento social bajo nuevos paradigmas del aragonesismo, tanto cultural como político, que trascienda de las propias organizaciones propiamente aragonesistas.

De igual manera, hemos de estrechar relaciones con las demás formaciones anticapitalistas y soberanistas del estado y de todo el marco europeo. No solo en vista a futuros procesos electorales, sino valorando el diálogo y la cooperación internacionalista como herramientas básicas en el progreso de nuestra lucha, que no deja de ser la misma en el resto de pueblos. Es necesaria la estructuración de un movimiento social y político aragonesista que vaya más allá de los esquemas clásico electorales o movimentistas. Precisamos un movimiento que se configure como sujeto colectivo clave y actor funcional en la vida social y política de nuestro país, capaz de aspirar a canalizar la voluntad general de todo el pueblo aragonés en su heterogeneidad y pluralidad inherente. Un paso cohesionador que va más allá de tacticismos políticos y que ha de servir como herramienta base para un aragonesismo profundamente integrado en la vida diaria de los y las aragonesas. Pues aspiramos de una u otra forma a canalizar las motivaciones heterogéneas en todos los aragoneses, independientemente de si no tienen una relación directa con Aragón. Y a día de hoy el mayor impulso para ello es mediante el necesario debate democrático del movimiento representado en Asambleya Aragonesa como foro que construya la hoja de ruta común vinculante para el aragonesismo político y social.

En definitiva, el camino que propone Chobentú Aragonesista es el de empezar la revolución a pequeña escala. Siendo conscientes de que muchos de los cambios que pedimos hay que impulsarlos a escala global, apostamos por construir en Aragón un modelo que pueda servir como ejemplo al resto de pueblos.

Aspiramos a dar ejemplo ensayando modelos que vayan trascendiendo fuera de nuestras fronteras, cambiando el entorno a través del éxito dentro de nuestro ámbito, que es Aragón. Porque sólo así podremos ayudar a construir un planeta más justo, más feminista, más ético y más sostenible.

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