La falacia del voto: ¿una democracia sin democracia?

Democracia

Todos los países de este jodido planeta dicen ser una democracia. Sin embargo, comprobamos día a día que hay más modelos de gobierno que de ropa de baño. Me pregunto entonces: ¿Son todas realmente democracias?¿Existe la democracia?¿Qué hace que tengamos más o menos democracia? Y, como Juan Palomo, yo me pregunto y yo me respondo. Comencemos.

En primer lugar recurrimos a Ernesto Laclau, quien se planteó cómo se construyen las hegemonías en el sentir común, cómo discursivamente, con la dialéctica, se estructura y llena en las sociedades los horizontes de ésta. Es decir, cómo se construyen todas las ideas que aglutinan a un mismo grupo de personas. En esta reflexión introdujo el concepto de ‘significante vacío’, que como él mismo escribió “es un significante sin significado”.

Se trata de términos que juegan un papel importante en la configuración de los modelos políticos. Un ejemplo de ‘significante vacío’ durante la transición española fue la palabra “pueblo”, con la que se trató de aglutinar a través de un sentimiento de pertenencia. Cualquier ‘significante vacío’ tiene una característica particular: cada persona entiende cosas diferentes al escucharlo, y por eso está vacío. No enuncian en realidad ningún concepto definido, sino que se usan para que cada cual proyecte en dicha palabra su propia definición. ¿Es entonces la palabra “democracia” un ‘significante vacío’?

Por otro lado, encontramos a George Orwell. En ‘1984’, un gobierno borraba de los diccionarios, del imaginario colectivo, palabras como guerra, violencia, asesinato… pero mantiene paz. Por tanto, ¿cómo definir una situación en la que no hay paz? Por ejemplo, diciendo que hay “menos paz”. Es decir, se obliga a definir una situación con el concepto opuesto. ¿Ocurre lo mismo con la democracia?

Repasemos brevemente algunos conceptos que se tienen de forma general sobre la democracia, o al menos nuestra democracia. Vivimos en democracia, porque tenemos elecciones, que fueron una conquista del pueblo. Tenemos políticos, que deben ser gente preparada, y si no te gusta lo que han hecho dejas de votarles para que no salgan, porque el poder está en los ciudadanos (aunque se deja entrever que si el pueblo ejerciera verdaderamente el poder sería el caos y la inestabilidad, porque cada cual haría lo que quisiera).

Por eso los programas electorales son muy importantes, para poder elegir qué medidas quieres que apliquen esos políticos a los que eliges. Sin embargo, desconfiamos de los políticos, por supuesto no creemos que vayan a cumplir sus programas, y por tanto casi nadie se los lee. ¡Ah,! y nuestra democracia viene de Grecia.

Tendremos pues que comenzar por algo de Historia. ¿Cómo se consiguió el derecho de sufragio? Quizá lo hayamos olvidado, pero aparece en los libros que nos hicieron estudiar. Los monarcas empezaron a contar con ciertos tipos de ‘asambleas’, que incluían a nobles, miembros de la iglesia, y algunas personas de profesiones prestigiosas como abogados y comerciantes (burgueses).

Rousseau dijo en su contrato social que todos debíamos participar en hacer las leyes, o las leyes no serían leyes. Entonces se plantea que un grupo de representantes hagan las leyes, y los electores acepten o no las leyes, cumpliéndose la premisa de que todos participan en el proceso legislativo. Es decir, que son necesarios mecanismos de control directos donde todos estén involucrados para que las leyes tengan validez.

Bajo estas premisas comienzan su andadura las primeras repúblicas de gobierno representativo en Francia y EEUU. Aunque sólo tenían derecho al voto los hombres mayores de 25 años y económicamente independientes. Esto significaba que electores y elegidos pertenecían al mismo grupo, el de los pudientes, aquellos que anteriormente eran elegidos por los reyes.

Según fue aumentando el nivel de sufragio aparecieron los partidos políticos, que trataban de agrupar a las personas con propuestas y proyectos similares. Dado que en muchas ocasiones era imposible conocer directamente a la persona, hacía falta organizarse en torno a otros elementos: los programas.

En este proceso, hay otra cosa que se pierde por el camino. Al ser los propios partidos quienes eligen a los candidatos, la forma en la que los partidos eligen a sus candidatos también es importante. Primero, hay que subir en la estructura pues los partidos tienden a organizarse de una forma muy similar al sistema que estamos analizando, de una manera piramidal. Por tanto es crucial caer bien y no dar problemas para poder ir ascendiendo. Pero incluso más importante que eso, lo que rompe con toda meritocracia posible, es que se comienza a elegir a los candidatos en función de las posibilidades que tienen para ganar unas elecciones, y no por su capacidad para gobernar.

Pero volvamos a la fundación de nuestro sistema. Podríamos pensar que por entonces no se hablaba de democracia. Sin embargo, veamos un par de frases de los padres de la república de gobierno representativo estadounidense, John Adams: “La democracia degenera en anarquía”. Y James Madison: “La democracia es incompatible con la seguridad personal y la propiedad privada”. La palabra “democracia” no sale ni en la constitución de EEUU ni en Francia. Si esto no es una democracia, entonces ¿qué es una democracia?

Recapitulemos. El sistema de elección fueron un método usado por los reyes para no tener que negociar con toda la población, un método que se conservó por parte de la élite que ya era elegida. Así que el sufragio no fue una conquista del pueblo. Los políticos no suelen ser gente preparada, sino que tienen que pasar por un método de selección donde reina la mediocridad.

El poder no está en los ciudadanos, dado que el sistema electoral, un sistema de confianza total, otorga todo el poder a unos representantes, quienes pueden hacer y deshacer sin consultar a la población. El programa electoral no tiene importancia, dado que nada ata al cargo electo a cumplirlo, y por tanto puede hacerlo o no hacerlo.

Si en Atenas comenzó la democracia, ¿cómo funcionaba entonces? Se utilizaba un sistema basado en la desconfianza, donde cada cargo era elegido por sorteo, de manera que al no entregarse la confianza popular a un grupo de personas, éstas no podían aprobar leyes sin el visto bueno de la asamblea. Cualquiera podía presentarse a dichos cargos. Sin embargo, antes de ser validados para el sorteo se valoraba su “currículum”, haciendo pues que sólo las personas preparadas tuvieran la posibilidad de ser elegidas.

La función de estos cargos era proponer leyes a la asamblea, aunque la asamblea también podia proponer, y los cargos debían obedecer. Es un sistema donde no hay partidos sino personas, que debaten abiertas a nuevas ideas, y con la voluntad de llegar a acuerdos. Y como el poder pertenecía a la asamblea todo el mundo quería asistir, y estaba siempre llena. Hablamos de un sistema que funciona por la participación, en contraposición al nuestro que funciona por elección.

Para escribir este artículo me he inspirado en los vídeos WHYDEMOCRACY (adjunto los links abajo). Si te preguntas quién nos engañó, quién nos convenció de que vivimos en democracia, mirate al espejo. Es más cómodo aceptar ciertas ideas, ciertas frases que se recetan como refranes, que informarse. Pero el conocimiento humano pertenece al mundo. ¡Infórmate y divulga!

Alan Wilde

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