No ye ciudat ta chovens

Si algo había caracterizado en las últimas décadas a la ciudad de Zaragoza, en tanto capital de Aragón, había sido la acogida de la juventud del resto del país. La constante falta de oportunidades en el resto del territorio hacía que una ciudad más o menos industrializada y con una capacidad de dinamización laboral superior a la de las pequeñas capitales comarcales, acabara por concentrar a la mayor parte de la juventud del país.

Esta afirmación ha sido uno de los argumentos esgrimidos por una de las partes del falaz pero real enfrentamiento entre lo rural y lo urbano, que ha abundado en la sociopolítica del país desde antes incluso de la reposición de nuestro autogobierno al finalizar la dictadura. Sin embargo, los nuevos signos sociodemográficos tras la crisis de la deuda, que se inició en 2008, han hecho cambiar radicalmente el dibujo de la juventud de la ciudad de Zaragoza.

Como todos los días 20 de enero, el de 2016, el Instituto Nacional de Estadística hacía público el padrón continuo, que refleja los datos de población en todas las unidades poblacionales del Estado y que, en lo que nos atañe en este artículo, confirmaba y recrudecía una tendencia que se venía observando desde el año 2008: que Zaragoza ya no es ciudad para jóvenes.

Comparación

En el gráfico presentado se muestra la evolución de la población de entre 20 y 34 años, lo que genéricamente se conoce como juventud, entre los años 2008 y 2015, de la ciudad de Zaragoza, Aragón y del resto del Estado. En una primera mirada, salta a la vista que el descenso de la población joven en Aragón y en el conjunto Estado español se mantiene a un ritmo similar, si bien, los puntos de partida eran diferentes (superior la población joven en el global del Estado español que en nuestro país). Sin embargo, la población joven en la ciudad de Zaragoza ha descendido de una forma mucho más acelerada que ambos, pasando de una salud aceptable y un término medio entre la poca población joven de Aragón y la mucha (en comparación) del conjunto del Estado, a situarse en los mismos niveles que el conjunto de la población juvenil de Aragón, esto es, un 16,79% del total de la población en el año 2015.

La principal conclusión que se puede extraer es que, a nivel de fijación de población joven en nuestro país, Zaragoza no sólo ha dejado de tirar de Aragón, sino que se ha unido a él en una problemática demográfica que nos debe hacer encender las alarmas con una pregunta: ¿la gente joven se va de Zaragoza?

Es evidente que no cabe pensar que la juventud zaragozana se marche al mundo rural, pues eso además haría diferenciarse en los datos al resto de Aragón. También podría explicarse debido a la vuelta de la inmigración a sus países de origen, pero este fenómeno afecta por igual al conjunto del país y del Estado y Zaragoza no se ha caracterizado nunca por mantener un perfil de atracción para las personas migrantes superior al resto del Estado.

¿Y si la gente joven estuviera marchando a la periferia de la ciudad? Los datos de la población joven en el global del área metropolitana tampoco hacen explicar esta aceleración del descenso de Zaragoza que, por otra parte, tiene su reflejo en todas las pirámides poblacionales, señalando claramente el final del baby-boom de los años 80.

¿A qué factores responde entonces esta anomalía demográfica que está viviendo Zaragoza? Porque si algo está claro es que, en nuestro modelo de sociedad actual, la ciudad debería comportarse como un verdadero foco de atracción de población joven del resto del país, no sólo por cuestiones económicas, sino también por el importante papel que tienen la Universidad de Zaragoza y la oferta formativa en general. ¿Existe, por lo tanto, un éxodo económico juvenil desmesurado en la ciudad de Zaragoza? ¿Se comportan igualmente el resto de las ciudades de nuestro entorno, como Madrid, Bilbo, València o Barcelona, frente a los territorios de su influencia? ¿Podría afirmarse que actualmente tiene más oportunidades en Aragón la juventud rural que la urbana? ¿Y si la resaca de la Expo de 2008 nos ha hecho sufrir con más intensidad la crisis de la deuda?

Lo que está claro es que las políticas de juventud con mayúsculas en nuestra ciudad han brillado por su ausencia desde el año 2008. Una vía de intervención para revertir esta situación bien podría ser la superación del marco del ocio y de la salud en las políticas de juventud, centradas en la ocupación del tiempo libre y la prevención de conductas y hábitos poco saludables, como las adicciones o los embarazos no deseados y las enfermedades de transmisión sexual.

El prisma de la emancipación en las políticas de juventud quizá también precise superarse, ya que la problemática concreta expuesta en este artículo hace pensar que, si bien todavía están relacionadas con el problema y se debería incidir en vivienda y empleo, el origen del problema no es la desigualdad por edad, sino una coyuntura demográfica que amenaza con convertirse en estructural.

Es necesario de forma urgente un V Plan Joven para la ciudad de Zaragoza que profundice en medidas novedosas que superen estos dos prismas. Un plan que debe realizarse con el protagonismo de la propia juventud a la que se dirige, utilizando los mecanismos formales como el Consello d’a Choventut de Zaragoza, pero también abriendo nuevos espacios de participación sin caer en el postureo de regalar dispositivos electrónicos a cambio de votar por Internet propuestas individuales que no ofrecen respuestas a problemáticas globales.

Así, las políticas de juventud deben orientarse desde una perspectiva de transversalidad, incidiendo en todos los ámbitos de la vida de las personas jóvenes, sobre todo en aquellos que fijan población, como la educación, la vivienda, el empleo y la participación. Las políticas de juventud en el ámbito local deben ser la vanguardia y deben ser las que guíen las autonómicas y estatales.

Por último, es necesaria una profunda renovación del personal funcionario que implementa las políticas de la ciudad de Zaragoza, pues se ha convertido en una suerte de gerontocracia desconectada de la juventud que, si bien durante los años ochenta hicieron un buen trabajo, debe dejar paso a una nueva hornada de profesionales que sirva a las necesidades y demandas de la juventud, y que corrija situaciones como la detectada en los datos del INE.

Estas medidas propuestas deben ser entendidas como una primera respuesta urgente, a las que deberán seguir otras que modernicen en profundidad las políticas de juventud en nuestra ciudad y que, sin duda alguna, contribuirán a que Zaragoza sea una ciudad para jóvenes.

Alberto Alcaine Vijuesca
Diego Navarro García

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