El drama de los pantanos en el Pirineo

JanovasSalvados

En medio de un paisaje hermoso, cañón esculpido por el Ara entre Fiscal y Boltaña, se encuentra un pequeño y bello pueblo conocido como Jánovas. Pocas injusticias hay en el mundo peores que aquella en la que te echan de tu tierra y de tu hogar, con el único pretexto de destruir todo lo que a su alrededor se encuentra. Junto a ellas vienen también cosas frustrantes e indignantes como el que alguien te obligue a marcharte del lugar al que perteneces agarrado del cuello por la mano de un guardia civil.

Hemos estado de visita, con motivo del programa que Jordi Evole ha querido rodar allí y verdaderamente es un escenario que parte el corazón. No tanto en lo referido a las ruinas que forman el pueblo actualmente, que también. Lo que de verdad parte el corazón es el escuchar a las gentes, verlas, contemplar como, después de todos estos años, siguen luchando por lo que un día les quitaron y que no les quisieron devolver. Ni si quiera ahora, que la obra del pantano nunca llegará a realizarse y que lo único que queda de sus antiguas casas son medias fachadas dinamitadas. Pero aún así, están trabajando. Están reconstruyendo cada piedra, cada vivienda, cada edificio por su cuenta y sin ninguna garantía de que vaya a salir bien. Pero es una suerte que lo hagan. Y en cierto modo, necesario.

Necesario para ellos, para los que ya ancianos vivieron gran parte de su vida en este pueblo. Un pueblo donde jugaron de niños, de adolescentes, conocieron a sus amigos y crecieron con su familia. Donde dieron su primer beso, donde trabajaron su tierra con su gente y vieron un atardecer tras otro a través de las montañas, cada día. No consigo evitar la tristeza al intentar ponerme en su lugar y pensar que todos los parajes que me han hecho ser lo que soy están perdidos e irrecuperables. Que no voy a poder llevar allí a nada ni a nadie a quien quiera enseñar lo que soy. Que no voy a poder volver a recordar lo que he sido. Que las fotos de mi armario no son otra cosa que recuerdos desvanecidos entre ruinas.

Por otra parte, es necesario para los no tan ancianos, que o bien pasaron parte de su infancia allí o bien han vivido su vida en el seno de una familia que los llamaba a volver. A reconquistar su tierra. A volver a la casa que mantiene sus raíces en manos de alguien que no sabe ni de la existencia de ese hogar. Menos aún del dolor de los que la habitaban.

Y es también necesario para todos nosotros, o mejor dicho, un ejemplo alentador. Probablemente sin ni siquiera quererlo, nos están brindando una chispa de esperanza que podemos extrapolar a tantos otros pueblos de Aragón. Un ejemplo de la lucha por lo que es nuestro. Por un paisaje que no se puede destrozar por meros intereses económicos y por una tierra que no se puede expropiar por simples caprichos. Una lucha por una cultura que no debemos consentir que se disuelva entre todas esas que quieren traernos, muchas veces imponernos, desde fuera.

Y sobre todo, para unirnos por evitar que se vuelvan a hacer reales esos versos que cantan: “Quien me iba a decir a mí, que soñaba con el mar, que en un maldito pantano… mi casa iba a naufragar”.

Zagala Alparcera

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s